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Brasil entra en un balotaje decisivo: por qué perdió Lula y qué necesita para revertir la elección

Flávio Bolsonaro sorprendió al imponerse en la primera vuelta y llega al 25 de octubre con ventaja en las primeras encuestas. Lula, que aspiraba a resolver la elección sin balotaje, quedó obligado a revisar su campaña. Detrás del resultado aparece un fenómeno más profundo: la consolidación de una identidad liberal-conservadora que disputa con el lulismo incluso entre sectores populares.


Brasil llegará al balotaje del próximo 25 de octubre con un escenario que pocas semanas atrás parecía improbable. Luiz Inácio Lula da Silva terminó detrás de Flávio Bolsonaro, heredero político de su padre y candidato del Partido Liberal.

Con prácticamente todo el escrutinio concluido, Bolsonaro obtuvo alrededor del 47 por ciento de los votos válidos, contra cerca del 45 por ciento de Lula. La diferencia, superior a los dos millones de votos, resultó suficiente para alterar el clima político de la campaña: el presidente pasó de ser considerado favorito a encarar tres semanas en las que deberá recuperar terreno.

El resultado constituye, además, una advertencia sobre cualquier lectura demasiado lineal de la política brasileña. Jair Bolsonaro está preso y condenado, Lula gobierna con mejores indicadores sociales y económicos que los que recibió y la candidatura de Flávio estuvo atravesada por cuestionamientos varios. Sin embargo, el bolsonarismo volvió a demostrar que es bastante más que la figura de su fundador. Si bien Flávio no es Jair, Flávio es Bolsonaro y el resultado del domingo tiene una dimensión que excede al candidato. El bolsonarismo confirmó que posee vida política propia.

La derecha radical brasileña conserva una enorme capacidad de movilización y construyó un sentido de pertenencia que atraviesa cuestiones económicas. el resultado del domingo tiene una dimensión que excede al candidato. 


El voto económico perdió peso frente a un voto de identidad, asociado a valores culturales, religiosos, de seguridad y pertenencia política que trasciende las cuestiones meramente económicas. No significa que la economía haya dejado de importar. Significa que ya no explica por sí sola el comportamiento electoral.

Lula presentó un programa centrado en la reducción de desigualdades, la soberanía y el combate al crimen organizado; Bolsonaro, en cambio, hizo de la seguridad uno de sus ejes más agresivos, con propuestas de ampliación del sistema penitenciario y endurecimiento de las condiciones carcelarias.

Los desafios de Lula

El oficialismo necesita avanzar sobre tres universos diferentes: quienes votaron por candidatos menores de centro y de derecha, los sectores populares que migraron hacia Bolsonaro y una enorme cantidad de ciudadanos que directamente no participaron de la primera vuelta.
Más de 30 millones de brasileños no acudieron a las urnas, según los cálculos difundidos tras los comicios. La campaña lulista considera que allí existe un universo importante de jóvenes y adultos mayores sobre el cual todavía puede crecer.

La dificultad es que Bolsonaro también tiene dónde expandirse. Parte importante de los votos obtenidos por los candidatos menores provino de opciones ubicadas a la derecha o el centroderecha. Eso facilita, al menos inicialmente, su transferencia hacia el candidato del Partido Liberal.

El desafío de Lula será impedir que la segunda vuelta se transforme simplemente en una suma automática del voto anti-PT. Que el bolsonarismo no se convierta en el polo de atracción de todo el descontento que el oficialismo pudo haber cultivado.

¿Ir hacia el centro o recuperar las bases?

Dentro del oficialismo comenzó inmediatamente una discusión estratégica.
Un sector sostiene que Lula debe moderar su discurso para conquistar votantes del centro. Otro considera que el problema fue exactamente el contrario: que el gobierno perdió capacidad de entusiasmar a su propia base y que necesita recuperar una identidad política más nítida.

La campaña parece inclinarse, por ahora, por una combinación de ambas estrategias.
Lula reorganizó su equipo, incorporó dirigentes jóvenes, reforzó la presencia digital y comenzó a prestar especial atención a las redes sociales, uno de los terrenos en los que el bolsonarismo conserva una ventaja organizativa importante. También intenta incrementar la movilización callejera y recuperar a quienes no fueron a votar.

El dilema es complejo. Si se desplaza demasiado hacia el centro, corre el riesgo de desmovilizar a quienes esperan de él una confrontación más clara con la derecha. Si radicaliza excesivamente la campaña, puede dificultar la incorporación del electorado moderado que necesita para revertir la diferencia.

Mucho más que una elección entre dos candidatos

Brasil no parece estar simplemente decidiendo entre Lula y Flávio Bolsonaro. Está definiendo si el ciclo político iniciado con la irrupción del bolsonarismo fue una anomalía que todavía puede ser revertida o si, por el contrario, se convirtió en una de las formas permanentes de la política brasileña contemporánea.

Además una eventual victoria de bolsonaro tendría un impacto geopolítico colosal, no solo porque Brasil está entre las 10 economías más grandes del planeta, sino además porque el gigante sudamericano forma parte de los BRICS, bloque que disputa con EEUU los espacios de hegemonía geopolíticos que se abren en el nuevo orden mundial multipolar. Bolsonaro alinearía a Brasil con el EEUU de Trump, y pondría a tono a Brasilia con el espectro de gobiernos liberales sudamericanos que parece conformar una ola de la nueva derecha en la región.

El 25 de octubre comenzará a conocerse la respuesta.