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Radiografía de la economía libertaria: los éxitos autoproclamados tienen objeciones y efectos adversos

A casi tres años del comienzo del gobierno libertario, la Argentina dejó atrás la inflación ascendente, recuperó el superávit fiscal y comercial y encontró en el petróleo, la minería, el agro y, durante buena parte del período, las finanzas, sus sectores más dinámicos. Pero detrás de la estabilización aparece otra fotografía: menos empresas, caída del trabajo asalariado formal, consumo débil y una industria en retroceso. 

La economía argentina que llega a octubre de 2026 es difícil de condensar en una sola cifra. Quien observe la inflación encontrará uno de los procesos de estabilización más pronunciados de los últimos años. Quien mire las cuentas públicas verá un Estado nacional que pasó del déficit al superávit. Y quien siga Vaca Muerta, la minería, las exportaciones o determinadas inversiones financieras encontrará sectores y activos que ofrecieron resultados extraordinariamente diferentes de los de la economía vinculada al mercado interno. 

La fotografía cambia cuando se observan la industria, el empleo registrado, la cantidad de empresas o el consumo cotidiano. Una manera de formular esta bipolaridad, es la de compensar el peso específico de cada polo para obtener un balance más esclarecedor.

⭕PRESUNTOS ÉXITOS ECONÓMICOS DE MILEI Y ALGUNAS OBJECIONES 

Algunos de los éxitos que el gobierno  presume pueden  ser puestos en tela de juicio con fundamentos válidos y atendibles: 

❓INFLACIÓN: la inflación baja puede no ser tal cuando se considera la inflación en dólares, por el atraso cambiario.

La inflación en pesos se desaceleró de manera extraordinaria, aunque durante buena parte del programa los precios internos crecieron por encima del tipo de cambio, generando una fuerte apreciación real y un encarecimiento de la economía argentina medida en dólares. Esto es alta inflación en dólares.

Sin agregar que la no emisión monetaria, que presume el gobierno, puede confrontarse con la ardua emisión indirecta que amplió, en efecto, la base monetaria.

❓SUPERAVIT FISCAL: El superávit primario existe pero el superávit que se exhibe oficialmente se calcula en base caja y no incorpora como gasto del período una parte de los intereses que se capitalizan en la deuda. Se esconde la mugre bajo la alfombra. En el informe de 2026 el propio FMI fue explícito: indicó que si se incorporara el componente real de determinados intereses capitalizados al resultado fiscal, el saldo global sería cercano a un déficit de 0,8% del PBI.

❓SUPERAVIT COMERCIAL: la cifra positiva existe pero en gran parte se debe al desplome de las importaciones. La economía se contrajo hacia la frontera con la recesión, entonces las empresas compran menos energía, maquinaria e insumos y las familias consumen menos bienes importados.

Además la Argentina tuvo superávit en el comercio de bienes, pero la cuenta corriente terminó con un déficit de US$7.582 millones. ¿Por qué? Porque salieron dólares por servicios, intereses, utilidades y otras rentas. Una parte muy considerable de los dólares comerciales se va por otras ventanillas.

⭕EFECTOS ADVERSOS

Caída de la inflación en pesos, a costa de recesión. Baja salarial y una apertura importadora que destruye la industria y puestos de trabajos. Superávit comercial pero jalonado por la caída de importaciones pesadas de maquinarias e insumos industriales, a cambio de bienes menores que se podrían fabricar en el país. Cuentas públicas presuntamente más acomodadas, pero a costa de la parálisis total de la obra pública, los tarifazos, fondos provinciales pisados, ajustes de servicios del Estado -como salud y educación- y despidos masivos de trabajadores estatales que comprometen la buena prestación de los servicios públicos.

Aún suponiendo que los presuntos éxitos que se adjudica el gobierno fueran ciertos, sin anteponerle las objeciones antedichas y considerando los efectos adversos, cabría preguntarse si estas políticas son conducentes. Es decir ¿puede un país desarrollarse con estos efectos adversos que tienen implicancias sociales y económicos, a veces crueles y devastadoras ¿Puede una nación desarrollarse con una industria devastada, un mercado interno paralizado, sin obra pública y sin inversión estratégica en infraestructura, ciencia y educación? 

El debate no pasa por regresar al déficit fiscal crónico ni por negar la necesidad de estabilidad monetaria. El desafío consiste en saber si esas condiciones son un punto de partida para el desarrollo o si terminan convirtiéndose en un fin en sí mismas.

Porque estabilizar no es necesariamente desarrollar. Una economía puede tener equilibrio fiscal y baja inflación, al mismo tiempo, perder capacidad industrial, empleo y empresas. El verdadero interrogante que comienza a plantear la experiencia argentina no es solamente si Milei consiguió ordenar determinadas variables. Es qué país queda después de ese orden.